Hace tiempo me sentí humillada.
Sí, humillada, por un piropo, si se le puede llamar así. Por incomprensible que
parezca, al hombre que me dedicó el piropo no le importó se a mí me agradaba
recibirlo, o si quería saber su opinión (Quizás pensó que debería sentirme
halagada por evaluar mi físico en público) y/o lo que a mí me pudiera incomodar
el derecho que él se otorga. No le importó nada porque hay dos clases de
personas en esta sociedad patriarcal: el hombre y, por debajo, la mujer, que
existe para servir al hombre
Tal vez, me etiquetéis de
loca, sí...Davinia siempre enloquece mas no confundáis la expresión del afecto,
del reconocimiento de belleza en la otra persona, con esto que yo quiero
transmitir. No podemos tolerar este tipo de trato. ¿Por qué? Porque yo no le
pedí opinión sobre mi cuerpo, o como bien dijo sobre mis "pechotes"
y, por lo tanto es ilegítimo que se me imponga escucharlo. NO SOY CUERPO EXPUESTO
PARA EVALUACIÓN, SOY PERSONA!
El sistema machista nos
enseña que somos personas sólo y cuando aceptemos estar al servicio del otro
grupo, lo de los hombres, o sea de segunda clase, sí, de segunda clase, así lo
concebían filósofos como Platón o Aristóteles, con una función decorativa y de
recipiente para lo desahogo sexual, que debemos aceptar sin decir ni pio, lo
que a los hombres les parezca hacer con nosotras, como por ejemplo, sin
conocernos, decirnos cosas -como "Madre mía, mirar esos pechotes"-
que aluden a su deseo sexual
Que haya mujeres que desean
que los hombres les dediquen piropos no es motivo para justificar la práctica.
Es un mecanismo retorcido como otros muchos: desde el más absoluto desprecio te
anuncian que te aprecian.
Con todo el dicho, os desafío
a no abandonar la lucha por la libertad de ser persona que estuvo y está sujeta
a ser mujer!
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