A lo largo de los años he adquirido
un montón de conocimiento. Lo admito, madurez también. Pero hoy estoy aquí no
para hablarte de lo que ya sabes, sino de lo que no sabes:
Todos los días me despierto en una
cama, acto seguido me levanto si me apetece, teniendo en cuenta que el tiempo
no perdona y si yo no sigo mi curso, nada se detendrá aunque grite, aunque
llore, aunque tire todos los apuntes y estos vuelen por mi habitación; sí, esto
último también lo he hecho. Después de decidir si levantarme, inconscientemente
apoyo el pie derecho o el izquierdo; supersticiosa sí, precavida no.
El desayuno-algo dulce para empezar
el día- galletas con cola-cao, algunas veces tampoco le hago ascos a los
croasanes de chocolate y después de tener el estómago bien lleno, miro el
reloj; casi siempre se pasa de las 8:30 am, siempre llego tarde.
Camino 3 minutos y me hallo en el
sitio al que quería llegar. Mucha gente entra y sale de la Universidad CEU
Cardenal Herrera. Esto me hace gracia, mucha gracia ¿Por qué? Pues porque
recuerdo el primer día que fui a hacer la entrevista para poder empezar mi
formación como futura politóloga y periodista; que recuerdo. Hacía mucho calor
y estaba empapada en sudor "¿es que esto siempre es así?" rechistaba,
aunque el clima no era lo único de lo que me quejaba, también me quejaba de la
gente, para mi gusto un poco pija y qué decir de que la Universidad fuera
católica, teniendo en cuenta que no practico el catolicismo. ¿Parece raro
verdad? parece raro que ahora el clima sea el mejor aliado de mis días, que
alguna gente no sea tan pija y lo mejor de todo, que tenga fe en mí y en todo
lo que está a mi alcance.
Ya dentro de la universidad, los
días y las horas se dividen en asignaturas, dicho de otro modo, nunca me voy a
la cama sin aprender algo nuevo: Hobbes, Aristóteles, las distintas formas de
gobierno... y mejor parar. No sólo en cuanto a formación profesional se
refiere, los duchos en la materia sacan lo mejor de mí y me ponen a prueba
mediante exámenes o a través de trabajos, sino también mis compañeros me apoyan
en los momentos de debilidad y eso es con lo que me quedo, con la experiencia.
Una vez acabado el día, vuelvo a
casa, a esa cama donde todo empieza y todo acaba, pero no sin antes destacar,
que es aquí, en esta casa donde ahora me encuentro, dónde conocí el valor de la
amistad, porque a pesar de mis malos días, de mi mal humor con la vida, las
compañeras con las que comparto parte de mis horas saben levantarme y
animarme.
Querido diario, sabes que lo mío es
expresarme por escrito y ahora me quedo sin palabras para expresar todo lo que
las quiero.
Ahora es cuando llega el final de
ese principio, cuando todo acaba. No descarto volver si en un futuro las cosas
vuelven a su cauce. Y te preguntarás que por qué quiero volver, pues sencillo,
porque a pesar del esfuerzo y el sacrificio que estar aquí supone, yo estoy
bien; porque aquí encontré una familia, mi familia valenciana, porque me siento
aceptada (aunque no siempre ha sido así, recordar que para muchos soy una
perro-flauta) y ya no sólo por lo anteriormente dicho sino porque he aprendido
a ser responsable, a valorar mis actos y sus consecuencias. He aprendido que lo
más valioso en la vida es actuar con el corazón y que si así lo haces, las
puertas siempre estarán abiertas.
Hasta próximo aviso, un beso y un
saludo

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