Lo vi, realmente me impresionó. Paré en seco y, dudé, dudé
en si debía seguir o parar y paré. Pude ver en su mirada, si bien tristeza, lo
que más pesaba era culpabilidad. Me miró, sonrió y acto seguido, se escondió.
Se hizo pequeño, tan pequeño que lo buscaba. Necesitaba buscarlo, quería que
supiese que... todo el mundo es imprescindible y qué, aún sin conocerlo yo era
gracias a él.
A sus pies, pude ver, si bien no me equivoco, un cartón en
el que pedía ayuda. Me senté a su lado y le hablé del tiempo y de lo mal
que se portaba. Él sonrió y me dijo "conmigo también se porta mal".
Sentí como cada palabra me golpeaba en la boca del estómago. Y sin dejar de
intentarlo, insistí en el tiempo, señalando los colores del arco iris,
"algún día conoceremos su secreto". Me miró fijamente y dijo
"GRACIAS". En ese momento, en ese preciso momento sentí levitar
aunque sin aire. Me levanté, le dejé unas monedas y seguí mi camino.
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