Él la esperaba todas las noches despierto por si algún día se le daba por volver. Le escribía cartas con espacios en blanco y le mandaba rosas con espinas. La llamaba infinitas veces al día con la esperanza de que algún día descolgara el teléfono y le llamara hijo de puta. Eran tantas las ganas que tenía de escuchar su voz que no le importaba ser humillado. Se sentía sólo como un perro y su apariencia valiente desfallecía en mil pedazos -"No lo volveré a hacer"-gritaba una sombra que pedía en sus noches oscuras, que la luz que guiaba su vida, volviese a aparecer.
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