sábado, 15 de noviembre de 2014

Un arrepentimiento fuera de lugar

Él la esperaba todas las noches despierto por si algún día se le daba por volver. Le escribía cartas con espacios en blanco y le mandaba rosas con espinas. La llamaba infinitas veces al día con la esperanza de que algún día descolgara el teléfono y le llamara hijo de puta. Eran tantas las ganas que tenía de escuchar su voz que no le importaba ser humillado. Se sentía sólo como un perro y su apariencia valiente desfallecía en mil pedazos -"No lo volveré a hacer"-gritaba una sombra que pedía en sus noches oscuras, que la luz que guiaba su vida, volviese a aparecer. 

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