lunes, 25 de agosto de 2014

Marleys, bailarina desenfrenada

Jack sorprendido observaba como Marleys bailaba descalza sobre el asfalto cubierto de pequeños cristales. 
-¿Sabes bailar sobre cristales? 
-sí- contestó Marleys 
-¿No te haces daño?- Volvió a preguntar Jack
-No porque me vacunaron contra el dolor. Supieron sacarle partido al sabor amargo que se escondía tras la mirada dulce de quien todos llamaban pequeña ; ahora soy mayor.
-Enséñame a bailar como tu
-¿Cómo? A mi me enseñó la vida. Me enseñaron los recuerdos, esos que a menudo se meten en un rincón de la cabeza y te acorralan en una esquina subastando los momentos que no se pueden quedar contigo. Cuando no bailo no soy yo; Cuando no bailo me anulan las ganas de volar y de salir corriendo sin mirar atrás, pero la verdad, la verdad es que no puedo dejar la verdad a medias, la verdad es que la vida no es tan simple como un juego o tan fugaz como dos días. La vida no se mide por viajes en tren ni vagones con pasajeros porque la vida graba en tus carnes todo lo que en un tren no se puede grabar y todo lo que un pasajero no puede vivir, ya que quien lo vive no padece lo mismo que quien solo está de paso.

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