Me sorprende la
facilidad con la que te desenvuelves, tu manera de hacerme reír con la misma
facilidad que tienes de hacerme llorar. Cada día me concedes una serie de
palabras mágicas que sin saber cómo, miman mi corazón ya deteriorado por el
paso del tiempo. Te basas en la fe como luz o guía divina para escoger el buen
camino y que triste contarte que por suerte o por desgracia siempre tiendo a
dejarme llevar por los oscuros instintos que cubren con tela opaca el rayo de
luz que desprendes. Reconozco mi torpeza, mi estupidez por encapricharme con el
mismo error y tal es así que endulzas los malos días con los recuerdos que
sabes que se me meten entre las pestañas queriendo quedarse conmigo para
siempre a pesar de mi mala memoria, y no te odio por todos esos momentos en los
que me decías que perder la cabeza era propio de locos y no de mí; sabes que
siempre has sido mi ángel de la guarda, alguien con quién quiero compartir mis
vivencias más indelebles, no por miedo a ser tu último pensamiento, sino porque
sólo contigo a mi lado puedo sentir en la yema de mis dedos ese lugar al que
todo el mundo llama paraíso y desconoce su realidad sensible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario