domingo, 18 de mayo de 2014

Jack Herer

Cada martes, más de una docena de personas corrían por el puerto marítimo, unos iban silbando, otros seguían el ritmo de Jack al son de la canción “are you gonna be my girl”, los principiantes jadeaban, y el asfalto se convertía en una eterna competición para ver quien llegaba primero al establecimiento donde cada uno se disfrazaba de su peor pesadilla. 
Una vez allí, Jack iniciaba el discurso 
 - No es burla- decía Jack,- tampoco es mofarse de lo que nos da miedo. Se trata de superación, y supervivencia.-
Jack era el primero en ponerse a gritar; aquello era algo parecido a una guerra donde el enemigo era un síntoma de decepción.
-¡No somos eternos, la muerte existe, pero la vida también!-
A medida que Jack lanzaba el discurso, los participantes recorrían el local de disfraces, eufóricos, en busca de armadura que los iniciara en el combate. Pero Jack, nunca jamás, se disfrazaba. 
-¿Cómo osas vestirte de humano?- preguntó un enano disfrazado de gigante.
Fue algo siniestro,  impredecible… Fue tan astuto, que lo raro fue que no se lo preguntaran antes. Todos quisieron que existiera respuesta a ese porqué.
-Le tengo miedo a la vida y a la muerte, sabemos lo que somos, nuestros límites y nuestro modo de vida, sabemos lo que queremos ser, lo que queremos soñar, o como nos gustaría que fuese, pero no sabemos lo que realmente va a ser… somos totalmente impredecibles.
-¿Entonces? ¿Siempre vas disfrazado sr. Jack?- preguntó un adulto disfrazado de muerte.
-No, cuando corro soy el miedo; sentimiento desagradable ante algo que nos asusta- respondió.
-Sr Jack ¿y si le tengo miedo a las arañas? preguntó una niña disfrazada de araña.
-Vístete de humano, solo ellos pueden tener miedo a una cosa tan insignificante
-Sr Jack ¿y si le tengo miedo a las alturas?
-Vístete de humano, solo ellos pueden superar el miedo a caer al vacío, no hay especie en la faz de la tierra que tenga el don de razonar, sólo ellos.
-¿Y si le tengo miedo a mi mujer?
-Cásate con otra-bromeó, intentando salir del interrogatorio al que lo estaban sometiendo. 
Se apartó del círculo de seres disfrazados de criaturas de lo menos peligrosas y sintió vergüenza.  Acto seguido, tapó su rostro, dejando al descubierto un ojo, y sintió correr el pudor por las venas. Impulsivo, desató la ira que llevaba acumulada con el ir y venir de los engaños y los sentimientos que conllevaba experimentarlos. Sufrió un ataque y como todas sus consecuencias sólo quedó el silencio aterrador de un hombre cansado y reprimido. Sus ojos cerrados, su razón trastornada y su corazón latiendo a mil km por hora. Jack era vulnerable. Tendido en el suelo, maldecía todas las decisiones que lo habían llevado a aquella situación y todos los valores que había conocido por hacerlo siniestro. Acordó el miedo aterrizado en su subconsciente y se dejó llevar como lo hace una botella de cristal en un cambio de marea. 
Era difícil no pensar que su historia acabaría no siendo la suya propia


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