domingo, 18 de mayo de 2014

Comida para tres; ellos dos y la muerte

El día era triste, el sol estaba escondido tras densas nubes y la niebla teñía de gris la ciudad. Era un día de enero y Marleys, la chica de los zapatos azules, reservó en el restaurante que da la vuelta a la esquina, una comida para dos.

Cuando el reloj marcaba las tres, la puerta del restaurante se abrió, era Marleys y no iba sola, a su izquierda, un señor mayor y demacrado. No tenía pelo y su rostro palidecía a cada bocanada de aire. Se podía apreciar en cada soplo como luchaba por saldar la deuda que tenía con la vida. Era su padre.
Se sentaron en la mesa número 13, al lado de la estufa. El pidió un arroz en blanco con una tortilla francesa y ella empanada de bacalao de primero, y merluza a la romana de segundo.
Durante la comida, el señor Rodríguez le contaba a su hija con entusiasmo como se había hecho las cicatrices que cubrían su cuerpo, y lo bien que lo había tratado la vida pero, aunque sonreía, en sus ojos se podían ver dos luceros en el paro.
- A ti aun te queda mucho por vivir papá- dijo Marleys
-No pequeña, la hora llegará de un momento a otro, la naturaleza es así ¿Lo recuerdas?
-Ya no soy una niña papá, pero, necesito que te quedes a mi lado, para siempre.
Con lágrimas en los ojos, Marleys pidió un dulce amargo "Mousse de limón, por favor". Sus ojos eran dos tormentas de invierno y su boca una parábola.

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