Esta
noche, bailé con la luna,
sin
temer la llegada de la luz del día.
Cuento
en primera persona,
cuanto
más bailaba, más la quería.
Volteé
los bajos de mi falda
sin
que pudiera ver entre mis piernas,
la
sin vergüenza de una copa de vino
que
vino a robarme el sonrojo.
Olvidé
el antes y el después
sin
temer al ahora,
contra
una ráfaga de viento.
En
la barra de un satélite.
Guardo, el recuerdo de una copa rota.
La
picardía en cuarto menguante.
Demasiada
poca ropa
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